Esta no es la mejor de mis panna cottas, porque en cuanto a este tipo de postre con sabores cítricos, la de limón o lima le dan un sabor más intenso, pero aun he disfrutado mucho del proceso de idearla, ponerme con la receta y obviamente comerme el resultado, puedo decir que el pomelo le da un sabor más de de fondo, que es para disfrutar con calma y apreciarlo en cada cucharadita.
Para prepararla solo necesitaremos alrededor de 15 minutos y luego solo hay que dejarla a la necera y para poner esta receta en práctica
Vamos a ello.
Ingredientes:
- 500 ml de nata para montar (35% de materia grasa).
- 250 ml de leche.
- Un pomelo.
- 100 g de azúcar moreno.
- 6 hojas de gelatina.
Elaboración:
En primer lugar vamos a hidratar las hojas en gelatina, las ponemos en un cuenco con agua fría durante 10 minutos.
Mientras tanto cogemos el pomelo y le cortamos un par de trozos de la piel, de unos 10 centímetros cada uno, fundamental e importante quitarle toda la parte blanca interior, que amarga y nos estropearía el postre, luego cogemos una cazuela y echamos en ella la nata y la leche, lo ponemos a calentar a fuego medio alto y añadimos los trozos de piel de pomelo, mientras se calienta lo removemos de vez en cuando.
Cuando veamos que va a empezar a hervir retiramos del fuego, añadimos el azúcar moreno, removemos como un minuto para que este se deshaga en nuestra mezcla, exprimimos el pomelo, colamos el zumo y lo añadimos en la cazuela, removemos nuevamente para integrarlo.
Lo podemos acompañar con un poco de fruta, arandanos le va muy bien y algo de chocolate nunca sobra.
Pequeños placeres, grandes momentos.











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